Es una pregunta que me han hecho muchas veces a lo largo de mi vida, sobre todo, desde que hace cinco años se consiguiera la equiparación legal entre las parejas. ¿Es que acaso hay un día del orgullo heterosexual? y la respuesta es muy sencilla: sí, el 28 de junio. Porque aquellas agresiones que tuvieron lugar hace ya más de cuarenta años les sucedieron a unas personas cualesquiera, anónimas, como todos.

El Orgullo es un día que reúne memoria, por la tristeza de aquellos acontecimientos, protesta, porque hay que seguir luchando por la normalización y la dignificación, y sí, también fiesta, porque es la celebración de la diversidad, de la convivencia entre personas cuyas formas de vida e identidades son diferentes.

Lo que veremos -si queremos verlo, claro- estos días es que un chico gay no tiene por qué ser más extrovertido que cualquier chico heterosexual. Que una chica heterosexual se puede interesar más por el fútbol que una lesbiana. Que una persona bisexual no es alguien, que simplemente, quiera ir a por todas. Una orientación sexual no implica nada más que, en el caso de las minorías, claro está, un anhelo de reconocimiento.  Los estereotipos siempre andarán  en la retaguardia, pero si aprovechamos bien convocatorias como ésta, puede que la realidad se imponga.

Estos días, lo que vamos a hacer es política, en el mejor sentido del término. Va a haber millones de voces exigiendo respeto. Porque todas las sexualidades son iguales y las filosofías de vida no pertenecen a nadie.

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